Reseña(2): La cordillera – El príncipe (Sanfic 13)

Emmanuel Carrère, en De vidas ajenas (2011), confidencia que dentro de su cuerpo habita un zorro que se aloja cerca de su esternón.  Y que nunca ha dejado de temer que, en cualquier momento, ese zorro lo aceche y le devore las entrañas. Casi en la mitad de la Cordillera, Hernán Blanco (Ricardo Darín), presidente de la República Argentina, es entrevistado sobre cómo, en su opinión, la visión propia del bien y el mal sería un criterio que modela los destinos del pueblo al que gobierna. Al respecto, Blanco refiere una anécdota en la cual mismísimo Diablo vive en un infierno completamente real. Y cómo, también, aun no puede sacarse de la cabeza el sueño de un zorro rojo que, acechándolo en sueños, ataca y lo parte en dos.

Filmado parcialmente en Chile, el tercer largometraje de Santiago Mitre, -que inaugura la 13° versión de SANFIC- puede leerse como la cronología de la metamorfosis de un sujeto “como cualquier otro” en Presidente de la República. Que debe lidiar y convivir con el peso y el ruido de la tarea que se le endosa. En este caso, convertirse en Presidente deviene un ejercicio cruel, rapaz y aleccionador cuyos efectos sólo podrían mitigarse con el antídoto del poder y su atributo de ejecutarlo frente a otros. Mezcla de thriller político con incursión sobrenatural, tributaria directa de las encrucijadas éticas de House of Cards (2013), la sobriedad claustrofóbica de El resplandor (1980) o el frío cordillerano de Force Majeure (2014), este coming-of-age político resulta, primero que todo, ambicioso tanto por la premisa de su propuesta narrativa como por el elenco que reúne: literalmente, una cumbre de actores y actrices de renombre latinoamericano. Blanco es parte de una comitiva que se reúne en Santiago para discutir los términos de un acuerdo supranacional para la extracción de petróleo, al alero de una Cumbre Latinoamericana de Mandatarios de las Américas.

Mirando hacia filmografía del director, cabe destacar que el interés por las trayectorias de los sujetos políticos aparece como una obsesión decisiva en La cordillera y central en Mitre: desde las rupturas ideológicas de la militancia universitaria en El estudiante (2011) a los alcances intrínsecos en toda posición ético-política en Paulina (2015), sus personajes siempre son atravesados por la política, entendida esta como una trayectoria perentoria que los redefine y performa, simultáneamente. Está inscrita en ellos, a veces a fuego. Nunca le son indiferentes.

Amparado en un guión correctamente acompasado y una ambientación de factura técnica y estética monumental, la película se mueve entre las encrucijadas privadas de un sujeto que debe lidiar con las repercusiones de una hija en crisis; la posición de subordinación protagónica frente a mandatarios más arteros, vehementes y grandilocuentes; y una opinión pública cuestionadora de su gestión y su figura como sujeto público. Porque ser un candidato “como cualquiera” (según reza la campaña electoral que lo lleva a la Casa Rosada), en la altitud cordillerana justamente se vuelve debilidad al ser éste un contexto que exige ajustarse a lo que se demanda de dicho rol: estar a la altura de un Presidente requiere diplomacia, pericia y oficio de estadista. Actitudes evidentemente visibles en sus correligionarios pero escasamente reconocidas por Blanco en su figura. Cuando Mitre coloca el foco en el thriller político, la película se sigue con agilidad e interés: los escenarios de negociación política son precisos y fulminantes; aunque esperables quizá en relación a la tradición anglosajona de los últimos años en torno a un género como este. Complacen precisamente porque no sorprenden. Ahora bien, se reconoce un aporte legítimo y contundente en torno a nutrir el imaginario fílmico en torno a los intersticios políticos latinoamericanos, al menos en ficción. Sin embargo, la propuesta tiende a diluirse cuando se adentra en la dimensión sobrenatural que se incluye en la historia. Como si el mensaje hubiera querido reforzarse con una idea que resulta etérea y abstracta en demasía.

La cordillera es una película interesante cuando bucea en los recovecos del cinismo diplomático pero quizá demasiado pretenciosa cuando busca anudar este interés. Venga a ser la distinción cordillera-superficie, público-privado, mandatario-subalterno, héroe-villano, padre-hija, idealista-pragmático, cuando la arremetida del zorro parte las cosas en dos, siempre va a ser tarea difícil volver a suturarlas.

La cordillera (2017, 117 min.), Santiago Mitre, Argentina.
Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Érica Rivas, Gerardo Romano, Paulina García, Alfredo Castro.

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