Reseña: In the fade – Mapuches Colombianos Terroristas (Sanfic 13)

Hace meses, en el noticiero central del canal nacional de televisión, una mujer se quejó de que, entre las causas de los altos índices de evasión del transporte público, muchos extranjeros se subían, y ninguno pagaba. Eso, decía, daba impotencia. Todo lo anterior sucedía a ojos de un pasajero extranjero que, sentado al lado, le replicaba que sí, que él sí había pagado el pasaje. La nota se volvió viral, recibió cobertura de programas mañaneros y a la fecha acumula 10 mil visitas en Youtube. Fatih Akin, ciudadano alemán de ascendencia turca, es un realizador audaz y atento que recoge en In the Fade un tema que sacude los tabloides semana tras semana, acá en Chile y allá en Europa: quiénes son los otros y cómo los construimos. En este sentido, la película se siente actual y urgente, como si tuviera la convicción de la necesidad de decir algo que no debiese quedar oculto.

El primer plano de la película nos introduce a Nury (Numan Acar) quien, saliendo de su celda, se encamina hacia el patio de una cárcel donde lo espera su novia, Katja (Diane Kruger), lista para formalizar el sagrado vínculo que los consagrará hasta que la muerte los separe. Tal como se estila en algunas tradiciones, la mujer adquiere el apellido del marido: en este caso, Sekerci. El apellido foráneo siempre es una tábula rasa donde, para bien o para mal, se registran los imaginarios que nos contamos sobre el otro. En Alemania, Sekerci no es Möller.

De ahí en adelante, Katja deviene un ser mestizo, forzado por el destino a confrontar una circunstancia apabullante: su familia le es arrebatada producto de un atentado de procedencia desconocida. La investigación que activa la tragedia pone en juego las categorías que le sirven a los peritos para interpretar el escenario: quiénes fueron los victimarios, cómo perpetraron la catástrofe y, fundamentalmente, qué motivos justifican lo injustificable. En primera instancia, se presume que el atentado tiene que ver con motivaciones religiosas (el marido es turco), étnicas (podría ser kurdo) o criminales (estuvo en la cárcel). Suficientes antecedentes para trazar conjeturas razonables. Al mismo tiempo, los responsables podrían ser seguramente europeos del Este o mafias organizadas: turcas, kurdas o albanesas. Nadie lo dice, pero podríamos imaginar que los sospechosos de siempre también incluyen a gitanos, judíos, eslovacos, rumanos o búlgaros. O peor aún: musulmanes yihadistas.

Europa, como cualquier otro lugar, siempre tiene periferias.

No obstante, Katya es enfática: no han sido los turcos, son los nazis. A contracorriente del establishment, el origen no es político, religioso ni criminal: es racial. No han sido ellos, sino que los que están entre nosotros y son como nosotros.

Ira Shor y Robert Stam (2002) en Multiculturalismo, cine y medios de comunicación, denominan al eurocentrismo como un discurso que entierra, da por supuesto y normaliza las relaciones de poder jerárquicas generadas por el colonialismo y el imperialismo, sin siquiera convertir esas cuestiones en temas discutibles de manera directa. El último filme de Akin brilla en esto: en poder iluminar aquellas categorías de lo foráneo justamente cuando estas parecen circular de manera soterrada en las narrativas que sostienen lo social. Porque a partir de un acontecimiento trágico y muy actual construye una cartografía que devela cuáles son las denominaciones que definen los dos lugares de la vereda: ellos y nosotros. Y cómo, finalmente, estas denominaciones se filtran hasta en aquello que pensamos como libre de polvo y paja: los sistemas judiciales, las estructuras legales y los procedimientos burocráticos. Aquellos que constitucionalmente debiesen velar por todos y todas. En definitiva, Akin nos avisa sobre la presencia de distinciones en los lugares donde pareciera que no las hay.

Tal esfuerzo no sorprende en el realizador turco-alemán. Cuando quince años atrás deslumbró a la crítica con Contra la pared (2014) –una historia apasionada, lacerante y vertiginosa sobre el matrimonio de dos turcos-alemanes– se inauguró una filmografía que reflexiona sobre el rol mestizo dentro de una sociedad que, entre otras cosas, después de la guerra importó turcos como mano de obra para reconstruir un país en ruinas. Dicha migración constituye el flujo migratorio más significativo –casi tres millones– dentro de un país en términos de población inmigrante no-caucásica. Por lo tanto, comedias multiculturales como Soul Kitchen (2009) o dramas sobre la condición del sujeto inmigrante como Auf der anderen Seite (2007), complejizan una apuesta personal por escudriñar en los procesos subjetivos y relacionales que se trastocan con la itinerancia.

Ahora bien, se le achaca al director cierto exceso presuntuoso en términos narrativos, concordantes con giros en las tramas que incomodan al espectador. In the fade no elude estos recursos, sino que más bien los depura en una propuesta pulida y trabajada. A través de una estructura en capítulos, relata la historia de cómo se vive después de la tragedia y cuál es el rol de la justicia en facilitar (o no) dicho tránsito. Pese a moverse entre géneros, el resultado satisface y conmueve. Sin embargo, en ocasiones los antagonistas se caricaturizan y sólo sirven para complejizar aún más la tragedia de la protagonista. El rol de Diane Kruger es central y quizá hasta cierto punto centrífugo del resto, lo cual resta densidad a la espesura que podrían tener los personajes que la acompañan. El mensaje que denuncia Akin es potente, necesario y lapidario, la ejecución que obtiene se siente lograda y organizada y la interpretación, al fin y al cabo, es sobresaliente. En este sentido, también se extraña, quizá más que en sus anteriores filmes, cierta armonía que pondere mejor el producto final.  O que la presencia del desequilibrio equilibrado característico de propuestas anteriores, se hubiese calibrado.

In the fade (Aus dem nichts) (2017, 106 min.) Alemania, Fatih Akin.
Diane Kruger, Denis Moschitto, Numan Acar, Samia Muriel Chancrin, Johannes Krisch.

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