Reseña: Caniba – Tan cerca del terror (FIDOCS 21)

El miedo en el cine está cargado de personajes horripilantes, momentos de impacto, secuencias espeluznantes. La mayoría de las cintas se valen del recurso visual para hacer temblar los sentidos. Pero a veces lo que provoca más miedo no es lo que ves en la pantalla, sino lo que escuchas.

El japonés Issei Sagawa debe ser el personaje más aterrador que he visto en el cine este año. Más que el payaso bailarín de IT (2017). Porque Sagawa, a diferencia de la creación de Stephen King, no aterra por lo que vaya a hacer ante nuestros ojos, sino por lo que hizo: en 1981, mientras estudiaba literatura en París, invitó a comer a una de sus compañeras. Durante la cena, Sagawa le dispara a su invitada en la cabeza para luego disfrutar su “verdadera comida”. Desprende carne de distintas partes del cuerpo de la mujer, incluso de los muslos, para comer de ella por algunos días. Después, lleva en un par de maletas el cuerpo desmembrado de la joven a un bosque cercano, hasta que es descubierto por la policía.

Todo este relato sería bastante fácil de “digerir” mediante entrevistas, archivos, imágenes de la época, pero el gran trabajo de los directores Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel está en mostrar poco y nada, pero decir mucho. De hecho, todo.

En Leviathan (2012), los realizadores habían maravillado con el uso de cámaras GoPro en distintos puntos de una embarcación en alta mar, jugando con luces, sombras, ruidos y movimientos que dejaban en uno sensaciones de angustia, suspenso y tensión. En Caniba (2017), esas evocaciones nacen mediante la cercanía. La cámara está a centímetros del rostro, las manos, la boca, los ojos de Sagawa. Y eso, te tensa. La mirada inexpresiva de Issei es escalofriante y los directores lo saben.

La cercanía no está solo en la proxémica del dispositivo, también en la relación de Issei con su hermano. Si bien, durante el primer tramo del documental vemos que la función de Jun Sagawa es de una especie de intérprete o interlocutor, llega un momento en que comprendemos, en la que es la escena más brutal del documental, que la hermandad de sangre tiene otro sentido para ellos.

Más que sobre el canibalismo y las perversiones más retorcidas e insanas del ser humano, Caniba se transforma en una película de miedo a través de lo cercano, donde no se necesita valer de imágenes que te quitarían el hipo o elementos sonoros que te harían saltar del asiento.

Escuchar cómo mastica su comida un hombre que también lo hizo con carne humana, es todo lo necesario para que tu piel se erice, sumergirte en el asiento y apartar la mirada de lo que estás viendo.

Ficha:

Dirección: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel.

Guión: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel.

Fotografía: Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel.

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