Reseña: Coco – El ritmo de las tradiciones.

De hace ya varios años, acá en Chile se viene cuestionando una de las tradiciones más potentes de nuestra cultura. Institucionalizada, vista como deporte, que sobrevive en el año más allá de nuestras fiestas patrias. Me refiero al Rodeo.

Fervientes defensores de nuestras raíces, los que componen “la familia del rodeo” protegen con uñas y dientes el arte (?) de acorralar, picanear y azotar novillos hacia una superficie acolchonada por parte de dos patrones de fundo autodenominados “huasos” arriba de sus nobles caballos. Así es el rodeo, y siendo una de las costumbres más fuertes de este país, con el tiempo hemos puesto en duda su valor. Sobretodo las nuevas generaciones cuestionan el concepto deportivo de éste, ya que nunca es competitivo entre los involucrados. Sería bastante interesante ver al novillo meterle cuerpo al patroncito contra la media luna, mientras el corcel instalado en la caseta relincha los “3 puntos buenos”.

Las tradiciones son elementos que forman la cultura de un lugar. Definen lo que son y las separan de otros territorios. Cuestionarlas es un acto complejo y luchar contra ellas es revolucionario. Coco, la nueva película de Pixar, es un acto de cuestionamiento en sí.

Miguel, el protagonista de Coco, es un niño con alma de músico en una familia de zapateros, donde el escuchar música está totalmente vetado. Ni pensar en tocar un instrumento. Casi que cuidan el ritmo en el martilleo de cada calzado. Por eso Miguel no demuestra su pasión por las melodías, excepto a una persona: Ernesto de la Cruz, el mejor músico de la historia. El pequeño construyó un altar en honor a su ídolo que esconde en el entretecho de su casa y que sólo el cachupín del barrio, Dante, conoce. En ese lugar, este chavo se impregna de las mejores escenas en el cine de De la Cruz y, por supuesto, sus afamadas canciones.

El conflicto aparece cuando Miguel decide seguir el ritmo de su pasión e ir contra los directores de orquesta que son su familia, lo que termina por llevarlo al Mundo de los Muertos, un colorido y extravagante lugar fantástico donde habitan quienes dejaron la tierra mortal. Ahí están varios de sus familiares y su idolatrado Ernesto de la Cruz.

La historia, más allá de hablar sobre la idea de la familia, algo que Pixar conoce muy bien, se afirma en la búsqueda de la identidad personal por sobre la colectiva (recordarse de Ratatoullie es inevitable). Los primeros en conflicto con la tradición musical tan propia de México son los padres, tíos y abuelos de Miguel. Luego, es él quien toma las riendas de su pulsión dejando atrás lo más tradicional de nuestra cultura Centro y Sudamericana: la familia.

También los realizadores juegan con elementos tradicionales de la cultura mexicana, no necesariamente unidos, como lo es el Día de los Muertos y los Alebrijes, artesanía originaria realizada a partir de cartón y pintada a mano que configura criaturas fantásticas, mezclas de animales imaginarios.

La cultura es una construcción en constante movimiento. Llena de elementos variados entre sí, que se mezclan, y también que no, pero que conforman una unidad que da identidad. En esta idea, Coco hace una revisión de las tradiciones, tanto nacionales como familiares, así también personales y colectivas.

Ficha

DirecciónLee Unkrich, Adrián Molina.

GuiónAdrián Molina, Matthew Aldrich (Historia original: Lee Unkrich, Jason Katz, Matthew Aldrich, Adrián Molina).

MúsicaMichael Giacchino.

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